El Premio Pedro Sienna a la Destacada Trayectoria 2025 recayó en la guionista y documentalista chileno-francesa Carmen Castillo Echeverría (Santiago, 1945), quien se inició en el cine luego de su exilio en 1974. Su debut como documentalista fue con el largometraje “Los muros de Santiago” (1983), dando inicio a una carrera centrada mayoritariamente en la dictadura de Pinochet y las acciones y consecuencias de ésta. Entre su filmografía destacan “La flaca Alejandra” (1994), “El país de mi padre” (2004), “Calle Santa Fe” (2007), entre otras. Actualmente se encuentra en plena producción del documental “Memorias de un olvido”, su nuevo largometraje.
A la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Carolina Arredondo Marzán, al Consejo del Arte y la Industria Audiovisual y al Ministerio en su conjunto, a la Academia de Cine Chile, su presidenta Maria Elena Wood, y a todas las personas, realizadores, productores, técnicos, artistas, actores que participaron en este proceso:
Con sincera humildad, recibo conmovida esta distinción, y la recibo también en nombre de mis amigas y amigos que me fueron enseñando este oficio, que se comprometieron con afecto y talento en cada momento de ese largo trabajo que conduce finalmente a realizar una película. Lo sabemos los aquí presentes, el cine es una creación colectiva. Y esa realidad del oficio me permitió y me permite hoy en esta nueva aventura en la que me encuentro, atreverme a buscar y ojalá a encontrar una forma cinematográfica al imperioso deseo, y la necesidad, de contar una historia, un sentir, una convicción, que me parece debo compartir.
Cada película tiene su particular historia, pero en cada una de ellas, nunca estuve sola. Como algunos lo saben, no provengo de la imagen, y no es un decir que no sé hacer nada. Cada persona que desde mis primeros pasos el año 82 se comprometió junto a mi para construir un relato aporto su saber, su talento, su mirada en la realización de cada trabajo. A cada una, a cada uno, mi gratitud.
Sabemos que nunca se piensa solo, que nunca se actúa solo, en mi experiencia de cineasta esta generalidad la he podido constatar con inmensa alegría. He sido siempre una privilegiada.
El cine, en mi vida, un regalo del exilio. Un encuentro decisivo, una historia de amor. Desde Francia entonces pude atravesar las pruebas del tiempo necesarias para masticar las perdidas, las derrotas, y lograr participar desde una tierra extranjera a la batalla política de la memoria entre vencedores y vencidos, aquella que no tiene fin, como los estamos constatando hoy en que avanzan las fuerzas fascistas, pinochetistas, sin vergüenza, con sus instrumentos, el dinero, la mentira y la manipulación de las conciencias.
He sido militante, mirista, y sé que mi ser cineasta no es militancia. Nuestras obras no cambian el mundo, solo pueden a veces iluminar o aportar al presente de lucha esa esperanza en el pasado que entrega fuerza y energía al combate por la vida, una vida buena, justa y digna. Nuestros humildes que haceres son, lo aceptemos o no, políticos, en el amplio sentido de la palabra. Y en estos tiempos oscuros, aspirar a poder crear imágenes luciérnagas que aunque débiles puedan irradiar una luz de amanecer: Los crepúsculos nunca vencerán las auroras.
Mi trabajo, entonces: Desde Francia, pero con Chile, nuestras experiencias colectivas y mis queridos fantasmas, circulando en mi sangre, palpitando en mi corazón, pude realizar algunas películas que buscaban crear un relato a partir de nuestras memorias movedizas para luchar contra el poder, contra el olvido.
En la mayoría de ellas gracias al trabajo de mis productores chilenos pude contar con el aporte decisivo del Fondo Audiovisual y del talento de un equipo técnico comprometido con el proyecto.
Mi reconocimiento esta tarde a mi país natal, a tantas amigas, amigos, productores y técnicos chilenos a lo largo del tiempo. Algunas citas desde el hoy hacia atrás: Macarena Aguiló, Cristian Castillo, Sergio Gandara y La leo, Marcelo Morales, Josefina Morande, Consuelo Castillo, Pablo Salas y mis entrañables Carolina Adriazolay José Luis Sepulveda y la Escuela Popular de cine que me han mostrado la realidad del mundo popular, la fuerza de su imaginación y la cotidianidad de los sufrimientos de nuestros pueblos … Mi gratitud también a cada protagonista de cada una de ellas que me reglaron sus cuerpos, sus pensamientos, sus experiencias, la confianza.
Digamos que estoy contenta de encarnar esta tarde, algo de aquella potencia que surge de la reunión de mis dos espacios tiempos, el aquí, Chile y el allá, Francia. Cimiento de un trabajo de largo aliento y a pesar de mi edad avanzada, aun en proceso.
Contra viento y marea, a pesar de todo, la máquina de matar de la dictadura fue imperfecta, algunos quedamos vivos y aquí estamos de pie, aun en la pelea.
Y en el Hoy, asistiendo a la derrota de la humanidad encarnada en el genocidio en Gaza, a la expansión planetaria del virus de la deshumanización, de la guerra y la fuerza bruta como base de las relaciones, puedan nuestras pobres imágenes y palabras mostrar una pizca de esperanza, reinventar el lenguaje capaz de despertar las conciencias y dibujar un futuro consciente. Aprender que no habrá calma posible en el mundo mientras la defensa de si mismo pase por la negación del otro, por el descarte de la historia, por la injusticia en el tratamiento de la injusticia … Levantar murallas no sirve para nada, la desesperación tampoco. Renunciar al espejo para sobrevivir, cambiar el espejo por la ventana. Tal vez para abrir la ventana nuestro oficio puede aportar.
Deseo desde esta tribuna saludar el coraje de las voces palestinas que nos muestran desde las ruinas la persistencia de la vida, que nos dicen que hasta la muerte está cambiando, que nos urgen a aprender también de este nuevo rostro de la muerte a abrir un horizonte de sentido para la humanidad.
¿Es que, a pesar de todo, el rumbo puede / desde la lucidez más solida/ ser de buena esperanza?
Carmen Castillo.
Santiago, 26 de septiembre de 2025
