Presentación de Alia Trabucco en el lanzamiento del libro de Paula Arrieta «Mirar hasta el final. Memoria e imaginación» publicado en agosto de 2023

En el siguiente texto, Alia Trabucco reflexiona sobre el libro “Mirar hasta el final: Memoria e imaginación”, de Paula Arrieta Gutiérrez. Se trata de un ensayo que une la memoria personal, colectiva y parte de la historia del arte chileno, a propósito de los 50 años del golpe de Estado. “La pregunta que queda entre líneas es la temporalidad de la represión política, pregunta que a cincuenta años del golpe de Estado y ante la avanzada de la ultraderecha, es solo en apariencia retrospectiva: ¿está en el pasado, en el presente o en el futuro esa represión?”, es uno de los planteamientos de Trabucco. Y agrega: “Hablo de dos hitos de expansión de nuestra imaginación política: el tiempo de la Unidad Popular, como eje fundamental de producción de imaginaciones de futuro, y de la revuelta del 2019 como nuevo momento de expansión. Ambos serían violentamente reprimidos, ambos posteriormente negados, ambos traumáticamente rotos”.


Alia Trabucco en el lanzamiento del libro en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Parque Forestal el 19 de agosto de 2023

Empezaré por una confesión: me costó escribir este texto. Podría atribuir esta dificultad a mi amistad con Paula, lo que a su vez tendría una premisa probablemente equivocada: que un vínculo de este tipo, una amistad larga aunque interrumpida por sucesivas ausencias, por viajes propios y ajenos, por los vaivenes de vidas que se han bifurcado y que en el último tiempo han convergido, nubla la escritura o, peor aún, la reflexión. ¿Pero es realmente así? He presentado otros libros de amigas y amigos, suelo ser lectora de sus manuscritos, y aunque es cierto que la exigencia es bastante mayor, también lo suele ser el goce y el compromiso con sus ideas y proyectos. Podría también echarle la culpa a estos tiempos convulsos: es difícil concentrarse, el ruido exterior todo lo impregna, hay un aire empantanado y turbio que dificulta, citando a Paula, mirar hasta el final. Pero por más que esto pueda ser cierto, no es el motivo de mis dificultades al encarar esta escritura.

Entonces, ¿de dónde proviene mi tropiezo? Aquí va mi hipótesis: Paula ha trazado, en este conjunto de ensayos o, más específicamente, de ensayos autobiográficos, líneas de continuidad entre hitos históricos, artísticos y personales que, como sociedad y como sujetos, nos hemos empecinado en desconectar, e incluso, en olvidar. Y esta confrontación con la simultaneidad de tiempos habitualmente escindidos y que este libro entreteje, produjo en mí una perplejidad que recién desenmaraño al escribir estas líneas.

Así que hablaré de los tiempos como punto de acceso a este libro. De los tiempos que convergen, que se estrellan, que se enredan y confrontan en MIRAR HASTA EL FINAL. Podría referirme a estos tiempos cronológicos y arrojar cifras: 1970, 1973, 1982, 2019. Podría incluso ir en orden, desde el pasado hasta el presente y ese sería mi primer error. “¿Qué va antes, qué viene después?”, se pregunta Paula. “¿A qué terrible imagen estamos llegando tarde?”. Lo que articula Paula Arrieta en este libro es más complejo que una cronología, menos pretencioso que un compás y más político que ambos. Conecta la devastación de un pasado con otras devastaciones en el presente, y la utopía y su onda expansiva cuando roza nuevas utopías. Lo diré en otras palabras, pues no es mi intención ser opaca: en los ensayos que conforman este libro, Paula Arrieta conjuga memorias familiares y personales, individuales y colectivas, con producciones artísticas que la han marcado y con los tiempos que las han sostenido. Y es el trenzado de esos tiempos, en apariencia desconectados, lo que marca también mi lectura esta mañana.

Nos hemos negado -y uso un plural algo incómodo para hablar de “las izquierdas” o de “ciertas izquierdas” o tal vez del “campo cultural” o de “parte del campo cultural”-, nos hemos negado, decía, con cierta ceguera y contumacia, a rescatar y conectar tiempos históricos centrales para pensar el presente y el futuro. Acudiré a una memoria personal, tal vez inspirada por el gesto de ir de lo personal a lo político que emprende Paula en su libro. En octubre del 2019, en plena revuelta, entré a un negocio de Santiago a comprar pan. Atendía una mujer bastante joven que mientras calculaba el vuelto miraba de reojo la pantalla de televisión. Allí, en una permanente transmisión de noticias, se explicaba la declaración de estado de excepción y la inminente presencia de militares en las calles. La chica se veía nerviosa y yo definitivamente lo estaba. Pero fue su pregunta la que en esa ocasión me dejó sin palabras: “¿es este el estado de excepción, preguntó ella genuinamente confundida, en que los militares pueden matar a las personas?”. No recuerdo mi respuesta. Sí que llegué a mi casa y escribí un texto, titulado “Estado de emergencia”, sobre la intempestiva aparición de otro pasado en ese presente.

Vuelvo ahora al texto de Paula Arrieta que no solo conecta esos dos momentos de brutal represión, la que siguió al golpe de Estado de 1973 y la que se vivió en Chile durante el estallido social, sino que abre esa conexión a otras marchas estudiantiles y en particular a su experiencia de ahogo y angustia durante una protesta por el asesinato de Camilo Catrillanca. La pregunta que queda entre líneas es la temporalidad de la represión política, pregunta que a cincuenta años del golpe de Estado y ante la avanzada de la ultraderecha, es solo en apariencia retrospectiva: ¿está en el pasado, en el presente o en el futuro esa represión?

Paula, sin embargo, no se queda en esos tiempos desgarradores. Al conectar esos pasados, además de proyectar preguntas urgentes, nos confronta con otros momentos, más luminosos y sin embargo no por ello más claros, que ese “nosotros” del que hablaba antes también se ha negado o no ha podido rescatar. Hablo de dos hitos de expansión de nuestra imaginación política: el tiempo de la Unidad Popular, como eje fundamental de producción de imaginaciones de futuro, y de la revuelta del 2019 como nuevo momento de expansión. Ambos serían violentamente reprimidos, ambos posteriormente negados, ambos traumáticamente rotos. Acaso por eso han sido pocos, pocas, los que se han atrevido a conectarlos y menos aún los que se atreven a rescatar la imaginación política del hito que nos es más cercano. Paula Arrieta lo hace y emprende esta tarea de manera lúcida y, lo que para mí es muy importante, carente de nostalgia -una emoción que tiende a la parálisis política en tanto anhelo imposible de un tiempo perdido- sino recurriendo al dolor, a la celebración, a la congoja, a la ternura y, por cierto, también a la rabia.

Este es uno de los aciertos del conjunto de ensayos de Paula Arrieta. Ir de la reflexión a la conmoción, del análisis de una obra de Ana Mendieta o de una crítica a Alfredo Jaar, a la emoción contenida en la voz de Joan Baez o Sinead O’Connor. Ese vaivén no solo tiene que ver con el género del libro, que fluctúa entre el ensayo y la autobiografía, sino con la inteligencia que supone urdir reflexión y emoción en lugar de caer en la escritura burocrática y desafectada que tanto se valora en cierto tipo de academia.

Arrieta narra en uno de sus ensayos el hito imposible que fue la construcción del edificio de la UNCTAD III, actual GAM, durante el gobierno de la UP. Observa con ternura el gesto desafiante y también hermoso de construir, en un tiempo improbable, una obra de esa envergadura. Recuerda también, como parte de esa construcción, el papel que jugaron los artistas, en este caso, aquellas que tejieron una enorme arpillera cuyo sospechoso destino Arrieta persigue como verdadera detective. Es interesante esta obsesión de Paula con lo perdido. La obra de arte perdida (o acaso robada), una postal perdida (en realidad robada) de una exhibición de la propia autora, la estatua de Baquedano desalojada de su pedestal y otras memorias también perdidas (o acaso robadas) por la imposición de una historia oficial.

Con la misma ternura y también apertura a nombrar lo sentido, lo experimentado, lo aún germinal, Paula reflexiona sobre lo que implicó la revuelta. Un tiempo de imaginar lo imposible que fue súbitamente cercenado y luego cercado por la versión contemporánea de la “medida de lo posible”. Subrayo este gesto de recuperación no solo porque es honda la conexión entre estos hitos de expansión de la imaginación política, 1970-2019, sino porque desacata el mandato que siguió a ambos momentos: ese “no no no no no, mejor no hablar de ciertas cosas”, como dice la canción, que enarbolaría la eterna postdictadura y que también, vale decirlo, se ha impuesto con insospechada fuerza a partir de la derrota del 4 de septiembre del 2022. Desde entonces, para muchos, esa expansión imaginativa se volvió innombrable y Paula, sin eludir la tristeza ni la ternura, es capaz de volverla a nombrar.

Regreso entonces al libro pero antes me excuso por este texto que, acaso siguiendo la operación de su referente, se acerca y se aleja de su objeto. “Mirar hasta el final” conjura la memoria tal vez del modo más honesto en que se puede emprender un ejercicio de memoria: a través del intento por enfocar el marco, la generalidad, y la inmediata y urgente necesidad de descentrar ese mismo marco. Paula elude la tentación de “la” memoria pero tampoco cae en la simpleza de un mero plural, “las” memorias. Observa un hecho histórico -el golpe, la dictadura, las protestas, la algarabía- y enseguida lo descentra, es decir, cambia el foco o nos deja a nosotras fuera de foco: va del hito histórico a la producción artística y de esta a un borroso recuerdo íntimo que las dota de luz. “Implicarme biográficamente”, lo llama Paula. Y luego explica: “toda imagen tiene detrás otra imagen”. ¿No es eso hacer memoria? ¿Desenterrar la imagen anterior e imaginar la futura?. “Desbordar los límites de los lenguajes conocidos”, escribe Paula un poco después, “y crear códigos nuevos de realidad es, al final, una de las principales labores del arte”. Y es, también, la labor que emprende este libro.

Paula Arrieta, en este segundo ensayo, vuelve a interrogar el poder del relato. Si así lo hizo con el mito en torno a Marcel Duchamp, aquí lo hace desenfocando la gran historia para demostrar que, como esa arpillera robada, eso que hemos llamado memoria está hecho de pequeños recuadros cuidadosa y colectivamente tejidos. “Eso que está en cada hebra, debajo de cada puntada, en las formas en que cada paño individual se une uno con otro y con otro para formar un mural imponente”, escribe Paula. Este libro es un fragmento conmovedor de esa historia larga y compleja que, por fortuna, Paula Arrieta no teme mirar hasta el final.

Este texto también fue publicado por El Mostrador.